(No creo que tenga que poner nada aquí… al leer el texto sabrán quién soy yo…)
Nuestra infancia transcurría totalmente ajena al ir y venir de los enfermos que acudían religiosamente día tras día a la consulta de mi padre. Bajábamos a la clínica cuando teníamos que comunicar una noticia que no podía esperar o para pedir cualquier cosa que nos hiciera falta y que mi madre no podía solucionar por sí sola. Me veo bajando de memoria, saltando los enormes escalones de dos en dos sin apenas apoyarme en la barandilla. Luego, al llegar al portal de casa, empujo la puerta blanca con paneles de cristal que está siempre un poco hinchada por el calor y que cuesta abrir. Sigo bajando de un salto los cuatro escalones que me separan del suelo. A la derecha el cuarto de audiometrías y a la izquierda la quinta habitación. Luego, la cuarta, la tercera, la segunda y la primera. Me paro ante la puerta del antequirófano y la empujo suavemente para ver si hay alguien en el quirófano. No, mi padre debe de estar en su despacho.
Salgo al portal de la clínica por la puerta de cristal y allí, a mi izquierda, sentados sobre el banco de madera unas cuantas personas que silenciosamente aguardan su turno alzan la cabeza. Los pacientes me miran con curiosidad tratando de descubrir en mi cara los rasgos del doctor que les va a atender en breve. Entro en la sala de espera ¡no me queda más remedio! y, de nuevo, las miradas se posan en mí. Ésa es una de las hijas- murmuran y yo no sé dónde meterme. Entro en el despacho aliviada y Emma me mira sorprendida desde su mesa. Me dice que espere un momento, que mi padre está observando a un paciente en la habitación de al lado. Y mientras espero me suelta: a ver si me das una foto tuya en la que salgas bien para pegarla encima de ésta. Todos me dicen: ‘Ah, son seis chicos y dos chicas’ y yo tengo que aclarar que no, que son tres chicas. Miro la foto y la verdad es que tiene razón: el pelo está tan corto y yo, en esa edad absurda, me he puesto cuadrada sin apenas cintura. ¡Vaya churro de foto! Necesitábamos una foto de familia numerosa de honor y una tarde de verano que mi padre subió temprano a La Laguna nos fuimos a un fotógrafo en la calle San Agustín. Los pequeños se negaban a soltar sus chupetes y mis padres esperaron hasta el momento en que el obturador iba a ser presionado para tirar de las cintas y dejar sus bocas al descubierto. Todos parecen actores de reparto y yo, en medio, un chico más. Lo terrible fue que la foto circuló como símbolo de la familia y me la encontraba enmarcada en todas las casas de los parientes de dentro y fuera de la isla.
Me aparta del retrato la voz de mi padre con sus zapatos blancos manchados de sangre y su nombre azul bordado en el pecho. Alrededor de la frente lleva el espejo circular que le tapa la calva por delante. Resuelve mi problema con la destreza de un deshacedor de entuertos y, sin más, vuelve a su entretenida rutina.
Ahora me doy cuenta de que nunca reparé en el extraño espejo, ni en sus ropas blancas, ni siquiera advertí nada anormal en sus zapatos blancos sobre los que se posaban goterones de sangre. Tengo la sensación de que todo aquello se me escapó y es ahora cuando vuelve a mí con la claridad que proporciona el tiempo.
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Hola ! He tenido que mirar la foto de nuevo y te encontré por lo que pones en el Post, creo que no te hubiera identificado, no me acordaba de que erais tantos hermanos !! Seguro que con tantos pasate una infancia de lo más distraida, me ha gustado conocer a tu familia, sois todos guapísimos.Un beso gordo.
Me duelen mucho mis oídos, también la garaganta. Suelo estar enferma una semana si y otra también. Mi madre me lleva al Doctor con más renombre en aquella época de Santa Cruz. también en toda la isla. Espero pacientemente y sin moverme, tal y como me lo había mandado mi madre. Me parece una eternidad. Hay muchas puertas y hay un pasillo al que me encantaría, al menos alongarme, por curiosidad para ver lo que se está cociendo. Ni lo intento.¡Ni lo intentes, tanci, estamos en la consulta del médico!.Estoy asustada, muy asustada. Pero de repente veo como una niña, con uniforme del colegio baja saltando las escaleras hábilmente. Retozando, de de dos en dos escalones. Y al final da un tremendo brinco. Pienso que ella si puede saltar en la consulta del médico y hacer algo de ruido; el que se le permitía.Yo no podía moverme een ese momento. Las "normas" no me lo permitían.La miro, la observo y veo como se dirigía a una de aquellas puertas con cristales.Curiosamente la espero con mi mirada. No me mira porque hay muchos más pacientes esperando. Y porque ese es el pan diario para ella. Yo sin embargo la sigo perderse en lo alto de las escaleras que, como un pequeño remolino sube hasta que desaparece de mi vista.Me quedo pensando con mis cortos años: puede ser la hija del Doctor.Con tanta naturalidad y confianza se paseaba por la consulta y saltando con tanta alegría los escalones. Buscando cobijo en mi madre. Ella me lo confirma. Pasan los años y aquella muchacha saltarina de escalones, con uniforme escolar llegó a a ser mi prfesora de inglés. Desde mi mesa la miro, la observo y me llama la atención. Sé que lleva el mismo apellido que aquel Doctor al que me llevaba mi madre y que tantas veces me curó, podría ser pariente…o su hija.No lo sé. Observo detenidamente sus manos,el movimineto de las mismas al hablar. Pero sobre todo sus manos, alargadas, secas, bien formadas, expresivas.Son las mismas manos que las del Doctor. No me cabe la menor duda. Es ella, la que saltaba los escalones de dos en dos y de tres en tres hasta el final. La que se desenvolvía con soltura en la consulta.Querida amiga, seguiremos saltando los escalones de uno en uno, de dos en dos o de tres en tres … hasta el final. Hasta que haga falta.Me has traído a mi memoria vivos recuerdos. Emocionantes recuerdos. Cercanos y no lejanos recuerdos. Gracias por estar ahí.Un beso
Mi querida Tanci. Tengo que admitir que tu comentario le da a mi texto una nueva dimensión. Es curioso sentir como ambos lados de una historia salen a la luz para dar volumen a un relato. Me emocionan tus cálidas palabras y tus vivencias que vienen a enriquecer las mías. El destino nos sorprende con sus delicados hilos que van tejiendo nuestras vidas. ¡Has mejorado mi escrito! Un beso
Y ami me emocionan esas dos visiones de una misma historia. Seré tonta, pero el pañuelo fue a los ojos.
¡Qué familia tan bonita!
¡Y se les ve a todos tan felices!
Muy tierna tu entrada.
Besos
Gracias M Jesús por tu bonito comentario. La vida tiene esas cosas y a veces los recuerdos se unen de manera imposible. Un abrazo fuerte
Ali, me ha parecido un post precioso, y desde luego la aportación de Tanci lo hace muchoísimo más emocionante… Un abrazo muy fuerte a las dos, me encanta leeros.
Mónica, muchas gracias por tu comentario. Ya ves, Tanci y yo nos conocíamos sin saberlo… seguro que en tu caso pasa lo mismo, aunque en lugar de nosotras, fueron nuestros abuelos o bisabuelos los que jugaban a las cartas juntos…jaja. Un abrazo fuerte
Pues me tuve que aguantar la foto oficial durante años… la verdad es que salí horrible. Pues sí, Geni, en mi casa siempre había movimiento… ¡mucho niño suelto! Te mando un abrazo
Gracias Virgi, me alegra que te haya gustado la familia… nos reíamos porque mis padres les habían quitado las chupas a los dos pequeños justo un segundo antes del flash… y ellos no entendían qué estaba pasando… Te mando un abrazo
Una visión muy real de aquel lugar y aquellos momentos. Las fotos de las Familias numerosas siempre son curiosas. Yo tengo guardada la nuestra, pero solo eramos tres chicos y tres chicas. Y aún así, éramos muchos. Abrazos
Me ha encantado leer este post. Lo he hecho varias veces. Seguro que sabes ya que me encantan las fotos antiguas. Si no es por lo que dices, antes de leer nada conté sólo dos chicas jajajaja. Apuesto a que eres el "chavalito" del pelo más oscuro. ¡Madre mía, chica, ¡Cuántos hermanos! De pequeña te habría envidiado. Siempre quise tener muchos hermanos.Sinkuenta, no puedo seguir las actualizaciones de tu blog porque no aparecen desde que te conozco. ¿No podrías arreglarlo? Siempre miro los blogs que se me quedan arriba de la lista, que son los actualizados y el tuyo siempre permanece al fondo.
Candela, no se arreglarlo… si me ayudas, a lo mejor lo consigo, pero no tengo ni idea de lo que debo hacer. En cualquier caso puedes poner la direcci´on de wordpress (he puesto el blog tambi´´en en la otra plataforma) http://www.sinkuenta.wordpress.com y entonces te aparecer´´an las actualizaciones (no s´´e qu´´e pasa con los acentos…jaja debe de ser un fantasma). Un abrazo
Que bonitos relatos,estoy emocionada.Un abrazo comadre!!!
Podría ser varias cosas, pero te sugiero una de ellas, a ver si funciona:Entras en tu blog y luego en Personalizar (en la barra de blogger a la derecha. Después a la pestaña "Configuración". Luego haces clic en Feed del sitio y esa ventana la configuras poniendo SÍ a todo (desde la primera pregunta), excepto a lo último, que es el contenido para adultos
Me encantaría que funcionase, para poder saber cuándo publicas algo nuevo
Un besote.
Hola comadre! Me encanta que te encante! Un abrazo y gracias por venir a verme.
Candela, te acabo de escribir un mail… ¡no es tan f´´acil! Ya me dir´´as!
Alicia, esta es una de las entradas más bonitas que has escrito. Casi te puedo ver de pequeña…
Gracias Maite, me alegro de que te haya gustado… la verdad es que lo escribí pensando en que no tenía demasiada inspiración y fue el producto de una conversación con tanci (que es la que hace el primer comentario). Pero ¡las cosas son así! Si lo hubiera preparado con esmero, seguro que me habría salido un churro. Ana está preciosa y se ve que es muy simpática… y los otros dos ¡están para comérselos! ¡Ya estás tardando en venir! Un abrazo, preciosa
Una melancólica y tierna historia. Las narraciones de tus recuerdos de infancia resultan muy atractivas, me encanta leerlas. Después de leer esta, efectivamente, ya se sabe quién eres en la foto, está claro.
Arobos, muchas gracias por tu fiel visita. Me alegra saber que te entretienen mis batallitas de infancia, jaja. Un abrazo
I can tell it is you in the second raw, second on the right!Waw you have beautiful eyes Alicia!!!KissesMirella
Querida Alicia, te reconocí en la foto antes de leer el texto, jeje. Estás muy guapa, aunque veo que eras la más morena del grupo. ¡Y lo que no sabía es que sois ocho hermanos! Eso sí era una familia numerosa, de las de antes y no de las de ahora.Tu relato unido al de Tanci hace que una vez más pensemos que el mundo es un pañuelo, que estamos todos unidos y que el destino es imprevisible.Me encantó leeros a las dos.Hace días que pienso en llamarte, pero al final no lo hago, supongo que por mi bajo ánimo. Ya lo haré.Te mando un fuerte abrazo, amiga. Sigue escribiendo, please!Conchi